Objetos utilizados:
-Vela
-Gafas
-Máquina de escribir
-Portarretratos
-Carta
-Pipa
Juan Carlos:
El no tan joven Juan Carlos, pueblerino de un lugar cuyo nombre nadie sabe pronunciar en Galicia, desde muy pequeño siempre había fantaseado con la idea de escribir para una gran y elegante editorial madrileña. Cada noche, en su habitación, se ayudaba de la tenue luz de una vela para leer los grandes clásicos de la literatura universal, que su madre le traía como préstamo del adinerado doctor para el que trabajaba. A sus 41 años, pescador, sucesor de su ya fallecido padre, se había encargado de mantener y proveer para su familia. Pese a ello, no había dejado de cultivar su afición, que si todo iba según lo previsto, convertiría en su profesión.
Sin embargo, el largo viaje que debía emprender no solo sería duro por la larga distancia que debería recorrer en un viejo y estropeado coche que el mismo había restaurado para este fin, sino que como consecuencia de lo perdido de su pueblo natal, debería pernoctar en muchos otros pueblos por el camino, hasta poder llegar a su destino, lo que supondría un gasto tremendo. Decide partir por primavera con nada más que algo de ropa, su máquina de escribir y el portarretratos de su amada madre que siempre lo había apoyado en este, para muchos vecinos, descabellado sueño.
Estaba decidido a luchar y cumplir su sueño. Llevaba con esa idea en la cabeza desde que publicaron su primer cuento a los seis años en la feria del pueblo.
Han pasado las semanas y ha logrado pasar todas las adversidades que su largo camino le ha planteado. Llegó a Madrid, observa la Puerta del Sol asombrado y asustado por su enorme inmensidad. Continúa sus últimos metros hasta el hostal más cercano, triunfal por su llegada y con pipa en mano, como de costumbre. Deberá enviar una carta a sus familiares cuanto antes. Deben saber que ha llegado bien y que pronto empezará a publicar en la editorial si todo va bien.
Lleva un maletín repleto de diversos relatos que pretende presentar a la mañana siguiente en todas las editoriales de la ciudad, confía en sus capacidades, lo va a conseguir. Ya de noche, en la solitaria cama individual de aquel hostal, con vela en mano, decide leer todos y cada uno de sus escritos. Corrigiendo faltas o ideas no concluyentes, está ilusionado, mañana su suerte puede cambiar.
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